De entre todas las etnias que podemos encontrar en Etiopía hay algunas que destacan por su estética, como los Mursi, cuyas mujeres portan enormes platos en el labio inferior, o los Surma. Sin embargo existe un grupo indígena que sobresale tanto por su amabilidad con los farangis -vocablo con el que se conoce a los blancos en idioma amhárico- como por sus fascinantes tradiciones y rituales, estos son los Hamer.

EL SUR DE ETIOPÍA
El valle del Omo, al sur de Etiopía, es una de las regiones más interesantes del continente africano, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980. Se trata de uno de los conjuntos de yacimientos paleontológicos más importantes de toda Áfirca; tanto es así, que Lucy, el fósil del primer homínido del que hay constancia (de entre 3,2 y 3,5 millones de años), fue encontrado en esa región.

Es en ese lugar donde se concentra también una inmensa cantidad de culturas tribales ancestrales convirtiéndolo en el epicentro del continente a nivel antropológico. Esa región conforma un estado federado, oficialmente conocido como Naciones, Nacionalidades y Pueblos del Sur de Etiopía, y en él habitan más de 13 millones de personas, haciendo frontera con Kenia y Sudán del Sur. Aquí podemos encontrar los pueblos indígenas más apasionantes. Según Survival International existen principalmente 9 grupos tribales formados por unas 200.000 personas, a saber: Karo, Bodi, Dassanech, Kwegu, Mursi, Nyangatom, Surma, Bana y Hamer.

La etnia Hamer distribuye sus aldeas alrededor de la población de Turmi, en asentamientos de unas decenas de individuos, incluyendo niños y ancianos. Sus viviendas están formadas por estructuras de paja y madera y se conglomeran ocupando porciones de esta seca sabana gobernada por acacias.

En los poblados de esta región es común ser recibido entre sonrisas
Una cálida bienvenida

CULTURA HAMER
El primer elemento de su cultura que llama la atención es el de la decoración corporal. Las mujeres suelen portar ropajes elaborados con piel de vaca, y unos collares hechos con madera y/o caracolas. También es habitual actualmente encontrar collares, pendientes o pulseras hechos con cuentas de plástico, de colores: verde, azul, negro, rojo o blanco. Por último encontramos las típicas pulseras Hamer; unos abalorios dorados de metal que se ajustan a la muñeca. Pero quizás una de las cosas más llamativas sea la piel y el pelo de algunas mujeres, los cuales se pueden ver completamente envueltos en barro. Esto se debe a que las mujeres que se casan deben untar su cuerpo y cabello en un ungüento, mezcla de grasa y barro, y permanecer todo el día con él; llegada la noche lo retiran y deben repetir el proceso cada día al amanecer, durante los tres primeros meses tras la boda.

Los peinados masculinos incluyen trozos de barro o plumas de aves y es bastante común que porten llamativos pendientes en las orejas, normalmente de plástico. Los hombres decoran su cuerpo también con escarificaciones. Por su parte, las mujeres, una vez casadas, deben llevar unos collares metálicos que las distinguen de las solteras. Cabe destacar que el tipo de decoración personal marca el estatus social: cazadores, guerreros, mujeres dominantes, etc.

Los Hamer son agricultores (principalmente de sorgo, mijo y verduras) y ganaderos (de ovejas y carbas), y en cuanto a las relaciones interpersonales practican la poligamia. La primera mujer que se casa con un hombre lleva en su collar de casada una gran protuberancia en la parte delantera; esto la hace gozar de un estatus más elevado y como privilegio le corresponde a ella gestionar toda la economía familiar, la educación de los hijos y también participar en la toma de decisiones importantes.

Una cultura en la cual la estética es un marcador social de clases
La importancia de los símbolos

TRADICIONES HAMER
El mayor valor cultural de este grupo indígena se encuentra en sus tradiciones. Las hay de todo tipo. Algunas de ellas desagradables, como la de sacrificar a los recién nacidos tirándolos al río cuando nacen y la madre es incapaz de reconocer quien es el padre, o la de perforar el cuello de una vaca o cabra y drenar toda la sangre del animal, para luego depositarla en una calabaza y beberla. Otras de ellas más festivas. De entre todas estas tradiciones es sin duda El salto del toro la más llamativa y conocida.

El ritual de El salto del toro (Ukuli Bula) es una ceremonia que abarca tres días de duración y no es más -ni menos- que el rito de iniciación de un joven a la edad adulta. La ceremonia comienza cuando todas las mujeres que forman parte de la familia del protagonista rodean a uno de los amigos de él (uno que ya sea adulto oficialmente), el cual las azota con ramas de árboles hasta marcarles la espalda a base de sangrientas heridas. Esto es una forma de sacrificio que las familiares realizan, con orgullo y voluntad, para mostrar su amor por el joven que va a convertirse en adulto. Tras esto, se produce un baile tradicional, en el cual las mujeres portan cascabeles en los tobillos, generando un ambiente festivo y musical, solo quebrantado por alguna sangrante espalda. Acto seguido se suelta una vaca y el chico que quiere consolidar su paso de la pubertad a la madurez debe tratar de retenerla y domarla; una vez lo consigue se llega a la última fase de la ceremonia que consiste propiamente en el salto del toro: se alinean unas decenas de reses y el joven, completamente desnudo y provisto de un estrafalario peinado, debe ir saltando de lomos de una vaca a otra, llegar al final de la fila de bovinos y realizar el recorrido en sentido opuesto, en repetidas ocasiones. Caer trae mala suerte.

Las mujeres ponen la espalda
En la primera parte del ritual las mujeres piden, voluntariamente, ser azotadas
Posteriormente curan sus heridas con plantas medicinales

EL VALLE DEL OMO
El conjunto de todo este conglomerado de tradiciones, estética y espíritu acogedor hace de la visita a los poblados Hamer una de las experiencias más enriquecedoras de las que se puede disfrutar en el África oriental. El propio enclave y el ambiente que se respira en las localidades de Turmi y Dimeka hacen que la sensación termine de ser fascinante. Es en esta segunda localidad donde tiene lugar uno de los mercados más grandes e interesantes de la zona, donde acude gente de diferentes etnias a comprar desde objetos de decoración, a verduras, pasando por pieles. Sin olvidar los típicos asientos (reposa cabezas) Hamer.

Es común que los miembros de este colectivo indígena porten consigo los asientos Hamer. Unas pequeñas estructuras de madera con un asa y que les sirven para poder sentarse en cualquier situación, o en su defecto para apoyar la cabeza o los pies. Esto junto con las típicos fusiles de asalto AK-47 forman los complementos que casi cualquier hombre Hamer suele portar.

El asiento portátil
Existe un baile típico que consiste en cogerse del brazo por turnos y saltar al unísono. Los que esperan su turno lo hacen sentados en los asientos Hamer

El valor de las mujeres
Las mujeres llevan gran parte del peso de la sociedad Hamer. No sólo se encargan de la educación sino de labores físicas como el transporte de madera

Es la larga carretera de tierra que une Turmi con Dimeka la que pone la guinda a esta experiencia. En ella se puede disfrutar de un increíble paseo por la sabana, rodeado de poblados Hamer, de cabras, ovejas y vacas; y de niños que corren hacia los farangis al verlos, con el fin de interactuar con ellos. Aquí se saborea el África auténtica, la de kilómetros de polvorienta pista sin tráfico, simplemente con los simpáticos habitantes que desnudos o en taparrabos saludan desde sus cabañas. Se puede contemplar entre la maleza a guerreros Hamer, a mujeres llenas de barro, y se puede disfrutar de una gran puesta de sol, de esas en las que el anaranjado astro se hunde bajo las acacias del horizonte. Y una vez llegada la noche, como broche de oro, se abre ante los ojos del viajero un cielo tan estrellado que asusta, lejos de toda contaminación lumínica y en uno de los mejores enclaves del mundo para ello se tiene la oportunidad de divisar la mismísima vía láctea junto al fuego de una hoguera Hamer.